FALLAS 2003: Una feria con poco ruido y sabor agridulce

Enrique Ponce, Vicente Barrera, César Jiménez y Antonio Ferrera
firman lo más importante de una feria que no rompió a lo grande

 
     
 

Por Salvador Ferrer.

Cuando quien suscribe se puso a darle a la tecla para analizar lo que ha supuesto la Feria de Fallas, la guerra contra Irak ya había comenzado. Ojalá la muerte de cada víctima golpee en la conciencia de aquellos que apoyan y han propiciado otra guerra, otra masacre. Vaya por delante que decir que la corrida de Capea tuvo tanta clase como evidente falta de fuerzas, o que ha habido toros que se han ido con las orejas puestas, me parece auténtica morralla informativa en el contexto social actual, político e internacional.

Pero al tajo. En cifras, los matadores de toros se han repartido catorce orejas, seis más que el año pasado, y se ha abierto la Puerta Grande en tres ocasiones, una más que en 2002. Javier Solís se llevó una de cada novillo de Daniel Ruiz que estoqueó y Leonardo Hernández, Rui Fernandes, Andy Cartagena y Sergio Galán -todos menos Joao Moura y Álvaro Montes- tocaron pelo en la matinal de rejones celebrada el día de San José.

DE PUERTA GRANDE

César Jiménez, Antonio Ferrera y Vicente Barrera, con una oreja de cada toro de su respectivo lote, han sido los grandes triunfadores en lo numérico que ha arrojado el ciclo fallero. Enrique Ponce también cortó dos, pero una en cada tarde que actuó. Esto por lo que respecta a la información aséptica, a los números fríos, puros y duros. Si valoramos lo acontecido en el ruedo, la mejor faena con muchísima diferencia y el triunfador de Fallas se llama Enrique Ponce, que realizó una faena sublime, redonda y rotunda que se recordará como una de las grandes obras de la temporada 2003. Y eso que acaba de empezar. La oreja que se llevó el día de San José supo a poco después del banquete de toreo que ofreció en el mano a mano con "El Juli".

La primera Puerta Grande la abrió el madrileño César Jiménez, que cuenta sus últimas actuaciones en Valencia, tres, por salidas a hombros. No fue en esta ocasión una faena de tanto peso como la de julio, de dos orejas indiscutibles. Pero si fue similar, en primer lugar, porque sabe leer las tardes a la perfección y segundo, porque entre figuras se le ve suelto, como pez en el agua. En julio fue con Finito y José Tomás, ahora en marzo con "Joselito" y "El Juli". Dicho queda que no rompió ninguna faena a lo grande, que sus trasteos tuvieron altibajos, pero su triunfo es totalmente legítimo, merecido y no tiene nada de casual. De los toreros de la nueva generación, este es el que apunta hacia las cotas más altas, por proyección, juventud, cabeza y maneras. Valencia ha sido y es testigo de ello.

Otro que se ganó muy legítimamente abrir la Puerta Grande -alguien dirá que la oreja del quinto fue sensiblera- fue también el extremeño Antonio Ferrera, que pagó con sangre la raza, la ambición de figura, y las agallas que mostró con un toro manso, violento y peligrosísimo de "La Dehesilla". El público, y Ferrera el primero, se dio cuenta de las complicaciones del toro, pero cuando se sale a la plaza como salió el extremeño, todo, el triunfo y el drama, está al alcance caprichoso del destino. Por lo que respecta a su segunda oreja, nada que objetar. Cuando un torero se entrega en el ruedo y sale a jugársela de verdad, la plaza se entrega con el torero. A mi juicio, oreja a ley para un torero que la buscó desmedidamente.

La tercera y última salida a hombros de la Feria fue para Vicente Barrera. Una y una se llevó de un noble lote de murubes del Capea el día de San José. El temple y la cadencia para afianzar a sus toros y el oxígeno que les dio fueron las claves del reincidente éxito de este valenciano en las Fallas. Y eso que en la tarde con los "torrestrellas" dos días antes, de no ser por la espada, hubiera podido abrir también el cerrojo de la Puerta Grande, incluso con tres orejas. En las últimas ferias, Vicente Barrera y Valencia forman un tándem infalible. Ojalá siga así en otras plazas y le sirva para recuperar el terreno y el tiempo perdido.

OREJAS CORTADAS

"El Juli" sólo se llevó una oreja de cinco toros. Ni estuvo bien ni mal, pero no estuvo a la altura de sus circunstancias, de una máxima figura del toreo. Seguramente, el año pasado se hubiera llevado tres o cuatro. Pero corren otros tiempos. Parece que el de Velilla de San Antonio anda en la búsqueda de una nueva dimensión, quizá más profunda y artista, pero menos "en Juli" (quizá las faenas de Logroño y Vistalegre sean ahora su único referente). Evidentemente, es un excelente punto de mira, teniendo en cuenta que son dos de sus obras cumbres y ya son unas cuantas, pero aficionados y sobre todo público van a tener que acostumbrarse a un nuevo estado evolutivo de "El Juli".

Antonio Barrera, Dámaso González, Manuel Caballero, "El Fandi" y José Calvo completan la lista de matadores de toros con oreja. El sevillano Antonio Barrera se la cortó a un gran toro de María Luisa Domínguez de embestida profunda y aunque en Valencia rayó a un buen nivel se le debe exigir mucho más porque puede y sabe. Está en el camino. Dámaso González volvió por sus fueros en su feudo, su segunda casa tras Albacete. Le sacó muletazos a un toro noble, sin raza y parado, y hasta le hizo el péndulo, acortó distancias, y se arrimó con el toro más serio de un batiburrillo de hierros y toros mal presentados que analizaremos más adelante. La ovación que le tributó el público de Valencia tras el paseíllo fue tan atronadora e insistente como emocionante. Buen gesto de la afición.

Otra oreja fue a parar a las manos de otro torero de Albacete, Manuel Caballero. Se la cortó a un toro muy posible de "Torrestrella", tras una faena sobria y pulcra, muy en Caballero, que derivó hacia una cierta frialdad, todo sea dicho. "El Fandi" se la llevó de un toro de "La Dehesilla" al que le faltó el gran fondo que mostró en los primeros tercios. En banderillas, armó un alboroto y dio una vuelta al ruedo con el público puesto en pie. Se presagiaba faena grande por las condiciones del toro, alegre, pronto y noble, pero muy a menos en la muleta. El granadino echó mano de los recursos y de la variedad queriendo siempre hacer las cosas bien. En su primero si llega a matar bien, seguramente le hubieran concedido la oreja por ocho o nueve naturales de ensueño, largos, templados, limpios y profundos. Esos naturales ya merecían una oreja.

El último matador de toros que cortó oreja fue José Calvo el día de San José. Se sabe que el patrón de Valencia es generoso y que torear el 19 en Valencia es garantía de éxito a poco que salgan las cosas medio bien. Como le salieron a Calvo, que no llegó a acoplarse del todo con ninguno de sus tan enclasados como flojos murubes del Capea, que adolecieron en conjunto de fuerza y derrocharon nobleza y calidad. La faena a su primero -malograda con la espada- era más merecedora de oreja que la segunda, pero la tarde ya iba embalada por un derrotero triunfalista y amable.

Demasiados toreros pasaron por la feria sin pena ni gloria y algunos con más pena que gloria. Fernando Robleño no triunfó pero salió por la puerta de la enfermería, que en ocasiones conlleva una alta dosis de triunfo. En el último instante de la corrida sufrió una aparatosa cornada entrando a matar al sexto en la tarde de su debut. Hay que destacar la desnudez y el corazón en las dos faenas de Robleño, sobre todo con el complicado y encastado sexto de María Luisa Domínguez.

PASARON SIN DECIR NADA

Esa misma tarde, Javier Rodríguez demostró su poco rodaje con el noble primero. Pese al esfuerzo con el cuarto buscando las cercanías, no justificó su presencia en la feria y el futuro se preve muy poco halagüeño. Víctor Puerto, "El Califa" y Eugenio de Mora desilusionaron en distinto grado. Puerto anduvo demasiado solemne, parsimonioso e incluso místico. Nada tuvo que ver su actuación con el Puerto alegre, jovial y variado que conocemos.

"El Califa" desperdició un gran toro de Montalvo hecho casi a la medida de su concepto taurómaco. Fue un toro encastado, que repetía y posibilitó la ligazón, con asperezas que limar y con transmisión, que se arrancaba de largo... A este mismo toro, hace un par de temporadas "El Califa" le forma un lío gordo. Con su segundo, un inválido que debió ser devuelto, no tuvo opción. Y Eugenio de Mora, deslabazado, anduvo sin ideas y muy espeso. "El Califa" y De Mora habrán de remontar una situación no irreversible, tienen capacidad y lo han demostrado en temporadas anteriores, pero sí crítica. Lo de Puerto parece menos grave.

José Miguel Arroyo "Joselito" no se encontró, anduvo monótono y frio, y cosechó un balance de tres silencios y leves pitos en dos tardes, cosa que dice muy poco del paso de una figura del toreo. La situación del torero madrileño está por encima del bien y del mal pero da mala imagen y, lo que es peor, así, degrada su caché y su categoría. Si es cuestión de fragilidad o debilidad de ánimo, ojalá se recupere pronto. Matías Tejela no tocó pelo ni en la novillada previa a su alternativa, algo precavido, ni en la tarde de su doctorado, donde por la actitud y ambición mostradas se resarció. Le tocaron en mala suerte los dos toros de peor condición, con genio y a la defensiva en todo momento. Su hasta ahora breve pero intenso historial como novillero y su disposición en una tarde de compromiso, de momento, le siguen dando crédito. Habrá que esperar.

Quien ya es desesperante es "Finito de Córdoba", aunque buena parte de la culpa, al menos en Valencia, la tiene la empresa que lo contrata. No sé si su inclusión en Fallas respondía a una cláusula de su contratación en julio, pero en Valencia es reincidente de varios petardos seguidos. Hay toreros con hambre de ser toreros, matadores de toros que piden paso. A quien le corresponda, que tome nota. Porque el toro del petardo de Finito y el toro de la cornada de Ferrera mostraron "cualidades parecidas". La diferencia estriba en que Ferrera salió a cortarle la oreja, aún a sabiendas de que podía ir al hule, y Finito salió a pasar el rato. Luis Francisco Esplá, de nuevo colocado en una fecha noble en plena Feria de Fallas, fue ovacio

nado en su primero tras una labor irregular y con altibajos. Su paradísimo segundo, agarrado al piso que dirían en Mexico, apenas le dio opción de lucimiento. El de Alicante dijo poco porque delante tuvo poca cosa para poder decir.

DE LOS NOVILLEROS, NADIE "EN NOVILLERO"

En el capítulo de novilleros, por lo visto en el coso de la calle de Játiva, no hay mucho tiempo ni margen para la esperanza. Salvador Vega, Matías Tejela en esta misma Feria e Iván García en la inminente Magdalena, ya son matadores de toros y el escalafón parece quedarse ciertamente vacío porque no se vislumbran nombres con futuro. Menos mal, que siempre surgen oleadas casi por generación espontánea. Ni Javier Solís, que sustituyó a Manzanares y abrió la Puerta Grande, dio la sensación de apuntar muy alto con una novillada de Daniel Ruiz para torearla a placer y comérsela con patatas. Todos los novilleros, unos en mayor medida que otros, habrán de espabilar si quieren funcionar en esto.

EL TORO

El año pasado, la empresa que regenta el coso de la calle de Játiva, Ruedo Valenciano, argumentaba y se excusaba de la lamentable presentación del ganado en la premura de tiempo que habían tenido desde que se les concediera la plaza para buscar toros apropiados que encajaran en una feria de primera categoría como la de Valencia. Este año han tenido todo el tiempo del mundo, y los resultados han sido similares. Algo falla. En cuanto a presentación, irreprochable la de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, excelente la corrida de Montalvo, y bien presentadas las de "

Torrestrella", sobre todo los tres últimos, y la de José Luis Pereda con el hierro de "La Dehesilla". El toro de Valencia no es el de Madrid o Bilbao, pero tampoco es el de Brihuega, Talavera o Leganés, por mucho que vengan las figuras. Ni tanto ni tan calvo. El toro de Valencia es un toro serio, íntegro, armónico, en tipo, con hechuras, con trapío, con presencia. No es el toro destartalado a veces de Madrid, ni el torete cómodo de Alicante.

No es el toraco de Montalvo que ha salido ni el desaguisado de hierros y de toros del sábado 15, hasta cuatro distintos salieron a la plaza. Un detalle: casualidad o no, el año pasado, hubo grandes problemas en las corridas en que estaba anunciado José Tomás y en Fallas, incluso se anunció oficialmente una corrida con dos hierros distintos. Este año, de los toros anunciados de "Martelilla" para la reaparición de Dámaso y la alternativa de Matías Tejela, con Joselito también en el cartel, sólo saltaron al ruedo dos. La gravedad, si acaso, se acentúa.

Tras el toro que sale está el torero que exige y elige. Y claro, la empresa que acepta, o que traga. En el punto medio, en el equilibrio está la virtud. Y en esta feria no ha habido equilibrio, más bien muchos altibajos y desniveles en cuanto a la presentación de los toros. Lo de la bravura y la falta de fuerzas es un problema más estructural de la Fiesta que de una feria en particular o puntual. Porque igual se cayeron los excelentemente presentados "montalvos" que los "juanpedros". Ese problema no está al alcance del empresario.

En definitiva, una feria que no acabó de romper a lo grande y en la que el toreo más grande llevó la firma de Enrique Ponce. Cierto es que si las espadas hubieran estado más afiladas hubiera sido otro cantar, hubiera habido más traca y más color. Pero eso no quita que en el plano del toro siga habiendo mucho, mucho que mejorar. Y ésta, era la segunda Feria de Fallas que programaba la empresa. A ver si a la tercera va la vencida.

 
 
 
     
 

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