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Por Salvador Ferrer.
Cuando quien suscribe se puso a darle a la tecla para analizar lo que
ha supuesto la Feria de Fallas, la guerra contra Irak ya había comenzado.
Ojalá la muerte de cada víctima golpee en la conciencia de aquellos que
apoyan y han propiciado otra guerra, otra masacre. Vaya por delante que
decir que la corrida de Capea tuvo tanta clase como evidente falta de
fuerzas, o que ha habido toros que se han ido con las orejas puestas,
me parece auténtica morralla informativa en el contexto social actual,
político e internacional.
Pero al tajo. En cifras, los matadores de toros se han repartido catorce
orejas, seis más que el año pasado, y se ha abierto la Puerta Grande en
tres ocasiones, una más que en 2002. Javier Solís se llevó una de cada
novillo de Daniel Ruiz que estoqueó y Leonardo Hernández, Rui Fernandes,
Andy Cartagena y Sergio Galán -todos menos Joao Moura y Álvaro Montes-
tocaron pelo en la matinal de rejones celebrada el día de San José.
DE PUERTA GRANDE
César Jiménez, Antonio Ferrera y Vicente Barrera, con una oreja de cada
toro de su respectivo lote, han sido los grandes triunfadores en lo numérico
que ha arrojado el ciclo fallero. Enrique Ponce también cortó dos, pero
una en cada tarde que actuó. Esto por lo que respecta a la información
aséptica, a los números fríos, puros y duros. Si valoramos lo acontecido
en el ruedo, la mejor faena con muchísima diferencia y el triunfador de
Fallas se llama Enrique Ponce, que realizó una faena sublime, redonda
y rotunda que se recordará como una de las grandes obras de la temporada
2003. Y eso que acaba de empezar. La oreja que se llevó el día de San
José supo a poco después del banquete de toreo que ofreció en el mano
a mano con "El Juli".
La primera Puerta Grande la abrió el madrileño César Jiménez, que cuenta
sus últimas actuaciones en Valencia, tres, por salidas a hombros. No fue
en esta ocasión una faena de tanto peso como la de julio, de dos orejas
indiscutibles. Pero si fue similar, en primer lugar, porque sabe leer
las tardes a la perfección y segundo, porque entre figuras se le ve suelto,
como pez en el agua. En julio fue con Finito y José Tomás, ahora en marzo
con "Joselito" y "El Juli". Dicho queda que no rompió ninguna faena a
lo grande, que sus trasteos tuvieron altibajos, pero su triunfo es totalmente
legítimo, merecido y no tiene nada de casual. De los toreros de la nueva
generación, este es el que apunta hacia las cotas más altas, por proyección,
juventud, cabeza y maneras. Valencia ha sido y es testigo de ello.
Otro que se ganó muy legítimamente abrir la Puerta Grande -alguien dirá
que la oreja del quinto fue sensiblera- fue también el extremeño Antonio
Ferrera, que pagó con sangre la raza, la ambición de figura, y las agallas
que mostró con un toro manso, violento y peligrosísimo de "La Dehesilla".
El público, y Ferrera el primero, se dio cuenta de las complicaciones
del toro, pero cuando se sale a la plaza como salió el extremeño, todo,
el triunfo y el drama, está al alcance caprichoso del destino. Por lo
que respecta a su segunda oreja, nada que objetar. Cuando un torero se
entrega en el ruedo y sale a jugársela de verdad, la plaza se entrega
con el torero. A mi juicio, oreja a ley para un torero que la buscó desmedidamente.
La tercera y última salida a hombros de la Feria fue para Vicente Barrera.
Una y una se llevó de un noble lote de murubes del Capea el día de San
José. El temple y la cadencia para afianzar a sus toros y el oxígeno que
les dio fueron las claves del reincidente éxito de este valenciano en
las Fallas. Y eso que en la tarde con los "torrestrellas" dos días antes,
de no ser por la espada, hubiera podido abrir también el cerrojo de la
Puerta Grande, incluso con tres orejas. En las últimas ferias, Vicente
Barrera y Valencia forman un tándem infalible. Ojalá siga así en otras
plazas y le sirva para recuperar el terreno y el tiempo perdido.
OREJAS CORTADAS
"El Juli" sólo se llevó una oreja de cinco toros. Ni estuvo bien ni mal,
pero no estuvo a la altura de sus circunstancias, de una máxima figura
del toreo. Seguramente, el año pasado se hubiera llevado tres o cuatro.
Pero corren otros tiempos. Parece que el de Velilla de San Antonio anda
en la búsqueda de una nueva dimensión, quizá más profunda y artista, pero
menos "en Juli" (quizá las faenas de Logroño y Vistalegre sean ahora su
único referente). Evidentemente, es un excelente punto de mira, teniendo
en cuenta que son dos de sus obras cumbres y ya son unas cuantas, pero
aficionados y sobre todo público van a tener que acostumbrarse a un nuevo
estado evolutivo de "El Juli".
Antonio Barrera, Dámaso González, Manuel Caballero, "El Fandi" y José
Calvo completan la lista de matadores de toros con oreja. El sevillano
Antonio Barrera se la cortó a un gran toro de María Luisa Domínguez de
embestida profunda y aunque en Valencia rayó a un buen nivel se le debe
exigir mucho más porque puede y sabe. Está en el camino. Dámaso González
volvió por sus fueros en su feudo, su segunda casa tras Albacete. Le sacó
muletazos a un toro noble, sin raza y parado, y hasta le hizo el péndulo,
acortó distancias, y se arrimó con el toro más serio de un batiburrillo
de hierros y toros mal presentados que analizaremos más adelante. La ovación
que le tributó el público de Valencia tras el paseíllo fue tan atronadora
e insistente como emocionante. Buen gesto de la afición.
Otra oreja fue a parar a las manos de otro torero de Albacete, Manuel
Caballero. Se la cortó a un toro muy posible de "Torrestrella", tras una
faena sobria y pulcra, muy en Caballero, que derivó hacia una cierta frialdad,
todo sea dicho. "El Fandi" se la llevó de un toro de "La Dehesilla" al
que le faltó el gran fondo que mostró en los primeros tercios. En banderillas,
armó un alboroto y dio una vuelta al ruedo con el público puesto en pie.
Se presagiaba faena grande por las condiciones del toro, alegre, pronto
y noble, pero muy a menos en la muleta. El granadino echó mano de los
recursos y de la variedad queriendo siempre hacer las cosas bien. En su
primero si llega a matar bien, seguramente le hubieran concedido la oreja
por ocho o nueve naturales de ensueño, largos, templados, limpios y profundos.
Esos naturales ya merecían una oreja.
El último matador de toros que cortó oreja fue José Calvo el día de San
José. Se sabe que el patrón de Valencia es generoso y que torear el 19
en Valencia es garantía de éxito a poco que salgan las cosas medio bien.
Como le salieron a Calvo, que no llegó a acoplarse del todo con ninguno
de sus tan enclasados como flojos murubes del Capea, que adolecieron en
conjunto de fuerza y derrocharon nobleza y calidad. La faena a su primero
-malograda con la espada- era más merecedora de oreja que la segunda,
pero la tarde ya iba embalada por un derrotero triunfalista y amable.
Demasiados toreros pasaron por la feria sin pena ni gloria y algunos con
más pena que gloria. Fernando Robleño no triunfó pero salió por la puerta
de la enfermería, que en ocasiones conlleva una alta dosis de triunfo.
En el último instante de la corrida sufrió una aparatosa cornada entrando
a matar al sexto en la tarde de su debut. Hay que destacar la desnudez
y el corazón en las dos faenas de Robleño, sobre todo con el complicado
y encastado sexto de María Luisa Domínguez.
PASARON SIN DECIR NADA
Esa misma tarde, Javier Rodríguez demostró su poco rodaje con el noble
primero. Pese al esfuerzo con el cuarto buscando las cercanías, no justificó
su presencia en la feria y el futuro se preve muy poco halagüeño. Víctor
Puerto, "El Califa" y Eugenio de Mora desilusionaron en distinto grado.
Puerto anduvo demasiado solemne, parsimonioso e incluso místico. Nada
tuvo que ver su actuación con el Puerto alegre, jovial y variado que conocemos.
"El Califa" desperdició un gran toro de Montalvo hecho casi a la medida
de su concepto taurómaco. Fue un toro encastado, que repetía y posibilitó
la ligazón, con asperezas que limar y con transmisión, que se arrancaba
de largo... A este mismo toro, hace un par de temporadas "El Califa" le
forma un lío gordo. Con su segundo, un inválido que debió ser devuelto,
no tuvo opción. Y Eugenio de Mora, deslabazado, anduvo sin ideas y muy
espeso. "El Califa" y De Mora habrán de remontar una situación no irreversible,
tienen capacidad y lo han demostrado en temporadas anteriores, pero sí
crítica. Lo de Puerto parece menos grave.
José Miguel Arroyo "Joselito" no se encontró, anduvo monótono y frio,
y cosechó un balance de tres silencios y leves pitos en dos tardes, cosa
que dice muy poco del paso de una figura del toreo. La situación del torero
madrileño está por encima del bien y del mal pero da mala imagen y, lo
que es peor, así, degrada su caché y su categoría. Si es cuestión de fragilidad
o debilidad de ánimo, ojalá se recupere pronto. Matías Tejela no tocó
pelo ni en la novillada previa a su alternativa, algo precavido, ni en
la tarde de su doctorado, donde por la actitud y ambición mostradas se
resarció. Le tocaron en mala suerte los dos toros de peor condición, con
genio y a la defensiva en todo momento. Su hasta ahora breve pero intenso
historial como novillero y su disposición en una tarde de compromiso,
de momento, le siguen dando crédito. Habrá que esperar.
Quien ya es desesperante es "Finito de Córdoba", aunque buena parte de
la culpa, al menos en Valencia, la tiene la empresa que lo contrata. No
sé si su inclusión en Fallas respondía a una cláusula de su contratación
en julio, pero en Valencia es reincidente de varios petardos seguidos.
Hay toreros con hambre de ser toreros, matadores de toros que piden paso.
A quien le corresponda, que tome nota. Porque el toro del petardo de Finito
y el toro de la cornada de Ferrera mostraron "cualidades parecidas". La
diferencia estriba en que Ferrera salió a cortarle la oreja, aún a sabiendas
de que podía ir al hule, y Finito salió a pasar el rato. Luis Francisco
Esplá, de nuevo colocado en una fecha noble en plena Feria de Fallas,
fue ovacio
nado en su primero tras una labor irregular y con altibajos. Su paradísimo
segundo, agarrado al piso que dirían en Mexico, apenas le dio opción de
lucimiento. El de Alicante dijo poco porque delante tuvo poca cosa para
poder decir.
DE LOS NOVILLEROS, NADIE "EN NOVILLERO"
En el capítulo de novilleros, por lo visto en el coso de la calle de Játiva,
no hay mucho tiempo ni margen para la esperanza. Salvador Vega, Matías
Tejela en esta misma Feria e Iván García en la inminente Magdalena, ya
son matadores de toros y el escalafón parece quedarse ciertamente vacío
porque no se vislumbran nombres con futuro. Menos mal, que siempre surgen
oleadas casi por generación espontánea. Ni Javier Solís, que sustituyó
a Manzanares y abrió la Puerta Grande, dio la sensación de apuntar muy
alto con una novillada de Daniel Ruiz para torearla a placer y comérsela
con patatas. Todos los novilleros, unos en mayor medida que otros, habrán
de espabilar si quieren funcionar en esto.
EL TORO
El año pasado, la empresa que regenta el coso de la calle de Játiva, Ruedo
Valenciano, argumentaba y se excusaba de la lamentable presentación del
ganado en la premura de tiempo que habían tenido desde que se les concediera
la plaza para buscar toros apropiados que encajaran en una feria de primera
categoría como la de Valencia. Este año han tenido todo el tiempo del
mundo, y los resultados han sido similares. Algo falla. En cuanto a presentación,
irreprochable la de María Luisa Domínguez Pérez de Vargas, excelente la
corrida de Montalvo, y bien presentadas las de "
Torrestrella", sobre todo los tres últimos, y la de José Luis Pereda con
el hierro de "La Dehesilla". El toro de Valencia no es el de Madrid o
Bilbao, pero tampoco es el de Brihuega, Talavera o Leganés, por mucho
que vengan las figuras. Ni tanto ni tan calvo. El toro de Valencia es
un toro serio, íntegro, armónico, en tipo, con hechuras, con trapío, con
presencia. No es el toro destartalado a veces de Madrid, ni el torete
cómodo de Alicante.
No es el toraco de Montalvo que ha salido ni el desaguisado de hierros
y de toros del sábado 15, hasta cuatro distintos salieron a la plaza.
Un detalle: casualidad o no, el año pasado, hubo grandes problemas en
las corridas en que estaba anunciado José Tomás y en Fallas, incluso se
anunció oficialmente una corrida con dos hierros distintos. Este año,
de los toros anunciados de "Martelilla" para la reaparición de Dámaso
y la alternativa de Matías Tejela, con Joselito también en el cartel,
sólo saltaron al ruedo dos. La gravedad, si acaso, se acentúa.
Tras el toro que sale está el torero que exige y elige. Y claro, la empresa
que acepta, o que traga. En el punto medio, en el equilibrio está la virtud.
Y en esta feria no ha habido equilibrio, más bien muchos altibajos y desniveles
en cuanto a la presentación de los toros. Lo de la bravura y la falta
de fuerzas es un problema más estructural de la Fiesta que de una feria
en particular o puntual. Porque igual se cayeron los excelentemente presentados
"montalvos" que los "juanpedros". Ese problema no está al alcance del
empresario.
En definitiva, una feria que no acabó de romper a lo grande y en la que
el toreo más grande llevó la firma de Enrique Ponce. Cierto es que si
las espadas hubieran estado más afiladas hubiera sido otro cantar, hubiera
habido más traca y más color. Pero eso no quita que en el plano del toro
siga habiendo mucho, mucho que mejorar. Y ésta, era la segunda Feria de
Fallas que programaba la empresa. A ver si a la tercera va la vencida.
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