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Antonio Ignacio Vargas
En el seno de una familia acaudalada de Puebla de Cazalla
(Sevilla), el 14 de junio de 1948, nace Antonio Ignacio
Vargas, uno de los rejoneadores de más extensa trayectoria.
Gran aficionado a los caballos, tras finalizar sus estudios
de bachillerato y trabajar en la fábrica de aceites que regentaba
su padre, comienza a pensar en dedicarse al mundo del rejoneo
de manera profesional. La prueba a puerta cerrada que tuvo
lugar el 13 de junio de 1964, en la plaza de toros de Alcalá
de Guadaira, termina por despejar las dudas del sevillano
que, el 16 de agosto del mismo año, debuta en público en la
localidad de Los Palacios. Sus inicios no fueron todo lo amables
que cabía esperar, puesto que en su primer año completo en
activo pierde a su jaca preferida, Pirata, a causa
de una cornada sufrida en Utrera.
Pero esto no desanima al caballero, que continúa actuando
por los ruedos españoles hasta llegar a la primera plaza del
mundo, la Monumental de Las Ventas de Madrid, en la que debuta
el 13 de agosto de 1967. En aquella ocasión se lidiaron toros
de Villamarta y Vargas actuó encabezando un
cartel compuesto por Gregorio Sánchez, Emilio Oliva
y José Luis Barrero.
La de 1968 es una temporada clave, puesto que en ella cosecha
sus primeros triunfos en plazas de importancia, actuando un
total de 20 tardes. Pero sin duda, su lanzamiento definitivo
se produce en 1970 cuando, tras una importante actuación,
logra cortar una oreja en la Real Maestranza de Caballería
de Sevilla, el día 2 de agosto. Poco a poco, va incrementando
sus actuaciones por temporada, sumando más de cincuenta festejos
durante varios años consecutivos.
Su afición, constancia y buen hacer le llevan a verse incluido
en los carteles con las primeras figuras del rejoneo del momento,
por lo que actúa en numerosas ocasiones junto a los hermanos
Peralta o Álvaro Domecq.
Antonio Ignacio Vargas se mantiene en los primeros puestos
del escalafón a base de triunfos, como el logrado el 27 de
abril de 1980 en Sevilla, que le hace merecedor del trofeo
Maestranza al rejoneador más destacado de la Feria de Abril.
Y si la década de los 70 fue importante, aún más lo fue la
de los 80, en la que logró su consagración. Los triunfos en
Málaga, Murcia o Pozoblanco durante la campaña del 82, se
ven reafirmados la siguiente temporada. El 25 de abril corta
dos orejas a un toro de Antonio Ordóñez en Sevilla,
mientras que el 18 de diciembre, en Santa Cruz de Tenerife,
pasea cuatro orejas y un rabo.
Un total de 80 tardes suma en las temporadas de 1984 y 1985,
en las que continúa cosechando éxitos, cifra que disminuye
sensiblemente a partir de 1986. Así, en la temporada de 1987
hace el paseíllo en tan sólo 23 ocasiones. Pero este hecho
no se debe precisamente a la labor del diestro, sino a varias
circunstancias confluyentes que desembocan en esta disminución.
La primera de ellas la peste equina, que hace que se reduzcan
considerablemente el número de espectáculos de toreo a caballo;
la segunda, la imposibilidad de actuar en la Feria de San
Isidro, ya que a causa de la lluvia tuvo que suspenderse el
festejo en el que estaba anunciado; y por último, el accidente
sufrido por su apoderado, Manuel Morilla, que le impide
gestionar de la forma deseada su carrera.
Pese a ello, la temporada no está exenta de tardes importantes,
como las protagonizadas en Murcia, Albacete o Sevilla. Debido
al primero de los motivos esgrimidos anteriormente, continúa
disminuyendo el número de festejos y se impide actuar a los
rejoneadores españoles en Francia, por lo que en 1988 tan
sólo suma 14 festejos, de entre los que destacan los celebrados
en Valencia, Guadalajara, Murcia y Ronda. A partir de entonces,
el arte del rejoneo sufre un nuevo auge, por lo que incrementa
sus compromisos en las siguientes temporadas, reduciéndose
de nuevo al final de la década de los 90, en el tramo final
de su carrera.
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