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Ángel Peralta
La vida de Ángel Peralta ha estado dedicada por completo
al toro y al caballo, desde que viera la primera luz, el 18
de marzo de 1926. Así lo avalan sus más de cincuenta años
en activo, su labor de promoción e innovación en el mundo
del rejoneo y su dedicación en la actualidad a la cría de
ganado bravo. Sus primeras experiencias al lado de estos dos
bellos animales las vive en su propia casa, ya que su familia,
propietaria de la hermosa finca donde ahora pastan sus toros,
en los aledaños de Marismas onubenses, mantenía una ganadería
de lidia. Pero Ángel Peralta no se conforma con eso
y muy pronto, debido a sus grandes aptitudes para la equitación,
decide dedicarse de manera profesional al rejoneo. Con 19
años, el 19 de febrero de 1945, decide probar en una plaza
de toros todo aquello que ya había practicado en el campo.
Para ello actuó en la plaza sevillana de La Pañoleta y, quedando
satisfecho de lo realizado, da el salto a los ruedos para
participar en festejos formales. Tres años después se presenta
en Madrid, el día 19 de abril, rejoneando una res de Molero
al final de una corrida de toros en la que participaron Morenito
de Talavera Chico, Rafael Yagüe y Antonio Chaves
Flores.
La espectacularidad a lo hora de realizar las suertes, la
gran doma de sus caballos y la gran variedad que imprime a
su labor, le hacen alcanzar gran fama ya en sus primeros años,
conquistando también los ruedos mexicanos durante la década
de los 50. Su enorme inquietud por difundir la grandeza del
arte del rejoneo le llevan a participar en numerosas conferencias,
como la celebrada en marzo de 1960 en el Instituto de Cultura
Hispánica, y a realizar exhibiciones muy lejos de España.
Un ejemplo de ello son las realizadas en Berlín, en febrero
de 1961, o la que tuvo lugar en el Empire-Pool de Londres,
en octubre de 1962.
La de 1965 es una temporada aciaga, puesto que sufre una lesión
de tobillo al ser derribado por un astado de Juan Pedro
Domecq en Almería y pierde a su jaca Cabriola,
que muere corneada el 5 de septiembre en Alicante.
Envuelta en la polémica estuvo la campaña del 66, cuando protagonizó
un desagradable altercado con Álvaro Domecq en la plaza
de Barcelona, tuvo continuidad en las sucesivas declaraciones
de ambos protagonistas y que, sin embargo, terminó por olvidarse
y les llevó a actuar juntos en numerosas ocasiones.
Tanto es así que, cuando comienzan a componerse carteles completos
de rejoneadores, sobre 1970 en las corridas llamadas del Arte
del rejoneo, forman parte de los llamados 'Jinetes del Apoteosis',
junto a su hermano, Rafael Peralta, y al portugués
Samuel Pereira Lupi. Juntos se anuncian en las principales
ferias españolas, lo que le lleva a sumar un total de 94 actuaciones
ese año.
Pero fue la temporada siguiente la que le llevó a instituir
un récord difícilmente alcanzable, al lograr participar en
125 festejos. Fue una década de gran actividad y de grandes
triunfos y no será hasta finales de la misma cuando decida
ir reduciendo, selectivamente, sus compromisos. Una de las
tardes más importantes de este periplo fue la llevada a cabo
en la Feria de Abril de Sevilla de 1979, que le hizo merecedor
de un elevado número de trofeos. Similar fue el tono que mantuvo
durante los 80 cuando, a pesar de tener más de 60 años, demuestra
conservar unas facultades envidiables para mostrar continuamente
su maestría. Lo ocurrido el 19 de mayo de 1990, cuando fue
derribado en Zubia (Granada) cayéndole encima la cabalgadura
y sufriendo serias lesiones, a punto estuvo de hacerle abandonar
la profesión pero, una vez recuperado, aún actuó en diversas
ocasiones.
Por ello, logró cumplir sus bodas de oro como rejoneador,
circunstancia que fue celebrada el 20 de septiembre de 1992,
con un festejo en el que fue homenajeado por once de sus compañeros.
Otro homenaje recibió el dos de octubre del siguiente año,
de similares características, en la plaza de toros de Sevilla,
llevando a cabo su última actuación durante la campaña del
94. A lo largo de todos estos años, Ángel Peralta introdujo
muchas novedades en el mundo del rejoneo. Por ejemplo, fue
el primero en banderillear por el lado izquierdo, en poner
banderillas cortas a dos manos y creador de la suerte de la
rosa, ejecutando todas ellas con gran valor, convirtiéndose
en el punto de referencia para muchos de los que entonces
se iniciaban en el arte del toreo a caballo. Desde su retirada,
su vida ha estado dedicada a la ganadería, de procedencia
Murube, que adquirió junto a su hermano en 1953, y
a la poesía, otra de sus grandes pasiones y una faceta menos
conocida por el gran público.
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