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Conchita Cintrón
Concepción Cintrón Verrill, Conchita Cintrón,
ha sido una de las pocas mujeres que ha logrado escribir su
nombre con letras de oro en la historia del toreo. Nacida
en la ciudad chilena de Antofagasta, el 9 de agosto de 1922,
comienza a interesarse por el mundo del toro y de los caballos
cuando todavía era una niña. Así, cuando se traslada a vivir
junto a su familia a la ciudad de Lima (Perú), comienza a
recibir clases en la academia de equitación que regentaba
el rejoneador portugués retirado Rui da Cámara. En
esa misma academia recibiría sus primera lecciones de toreo
a pie, de manos del torero español Diego Mazquiarán, 'Fortuna'.
La plaza de toros de Acho, en Lima, fue testigo de su primera
actuación en público como rejoneadora, el 31 de julio de 1936,
con motivo de un festival benéfico. Dos años más tarde, en
la localidad peruana de Tarma, tiene lugar su presentación
como novillera, aunque posteriormente sus actuaciones a pie
se limitaron a festivales benéficos y festejos camperos. Todo
lo contrario de lo que sucedió con su faceta de rejoneadora,
con la que se paseó triunfalmente por los ruedos de todo el
mundo hasta 1950, año de su retirada.
Su despedida de la afición francesa tuvo lugar en la ciudad
de Burdeos el día uno de octubre, lidiando astados de José
Infante de la Cámara, mientras que su adiós al público
español se produjo en Jaén el día 18 de octubre, con reses
de Oliveira.
La que fuera conocida en México como 'La diosa de Oro', destacó
sobremanera por su excepcional conocimiento de la lida y su
dominio de las cabalgaduras. Pero no fueron estos sus únicos
méritos, puesto que también fue la única mujer que toreó a
pie en España durante la prohibición de las mujeres toreras
que impuso el régimen de Franco. Esta prohibición tenía
el fin de evitar que una mujer pudiese quedar desnuda a causa
de una cogida, pero el privilegio de poder echar pie a tierra
para estoquear al toro del que gozaban los rejoneadores, le
permitieron torear a pie, si bien siempre lo hizo con el traje
campero y nunca vestida luces.
Un año después de su retirada se casó con el aristócrata portugués
Francisco de Castelo Branco, dedicándose de lleno a
su ganadería, formada en Portugal con reses de Pinto Barreiros.
Posteriormente tan sólo actuó en ocasiones contadas en México,
usando el vestido charro, pero la experiencia acumulada a
lo largo de sus años como profesional le sirvieron para escribir
su propia autobiografía, 'Recuerdos'.
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