Álvaro Domecq y Díez
Álvaro Domecq y Díez ha sido sin duda una de las principales figuras de la historia del rejoneo, a pesar de que su carrera profesional no fue demasiado extensa en cuanto a tiempo. Hermano del Marqués de Domecq, vio la luz por primera vez en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera el 1 de julio de 1917. En aquella época el rejoneo todavía era practicado mayoritariamente por los miembros de la aristocracia, mientras que el toreo a pie era más propio del pueblo llano, por lo que sus primeras actuaciones en público no se desarrollan con fines lucrativos.
Así, Álvaro Domecq comienza su andadura en el mundo del rejoneo participando en espectáculos benéficos, cuya recaudación, la mayoría de las veces, estaba destinada al Oratorio Festivo Domingo Savio de su ciudad natal o a las Escuelas rurales de Jandilla. Esta labor desinteresada tuvo su reconocimiento poco tiempo después de comenzar su andadura profesional, al serle otorgada la Cruz de Beneficencia el 11 de octubre de 1945.
Dos años antes, en 1943, con el bagaje y la experiencia adquirida en numerosos festivales, comienza actuar en corridas de toros, si bien su despegue definitivo se produjo un año más tarde, cuando actuó un total de 50 tardes, pisando el ruedo de los principales cosos de la geografía española. De ese medio centenar de actuaciones cabe destacar la que tuvo lugar en Santander el día 20 de agosto, en la que consiguió un sonado triunfo. La campaña de 1945 también estuvo plagada de éxitos, lo que le anima a cruzar el Atlántico y hacer su presentación en cosos mexicanos.
Paulatinamente va disminuyendo de forma voluntaria el número de actuaciones que lleva a cabo cada temporada, hasta llegar el año 1947, en el que no hace ningún paseíllo en España. Sí rejonea en nuestro país vecino, Portugal, consiguiendo importantes y sonados triunfos. Tras cumplir con 21 compromisos en la temporada del 48, un año después decide abandonar el toreo activo de forma definitiva, ya que tan sólo vuelve a subirse al caballo en público en algunas ocasiones especiales. Una de ellas tuvo como escenario su plaza de Jerez y como marco el homenaje que recibió su hijo con motivo de su retirada, el 1 de septiembre de 1985.
Desde entonces, Álvaro Domecq ha dedicado su vida por completo a su ganadería, Torrestrella, que le ha dado numerosas satisfacciones. Pero no sólo de eso puede sentirse orgulloso. También debe estarlo de ser el artífice de la recuperación del rejoneo tras el bache sufrido durante la guerra civil, algo que consiguió con la recuperación del estilo campero que había popularizado el cordobés Antonio Cañero y que caló hondo en los aficionados de la época.
Al margen del mundo taurino, también es necesario destacar su labor en la alcaldía de Jerez y en la Diputación Provincial de Cádiz, servicios que le hicieron merecedor de la Gran Cruz del Mérito Civil en 1960.